Un fenómeno llamado True Detective

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Es la serie de moda, todo el mundo habla de ella, ¿Pero es realmente tan buena o solo se trata del pelotazo del momento? Bueno, en este caso en concreto, y desde mi particular punto de vista, puedo decir que las opiniones no son nada exageradas. True Detective, es una de esas series que juega en otra liga, igual ‘The Wire’, ‘Los Soprano’ o ‘Breaking Bad’. Aunque tampoco la incluiría dentro de esta santísima trinidad, ya que para eso tendríamos que ver el puzle completo.

Cada temporada de True Detective es y será corta, ocho capítulos, un poco al estilo británico, y en cada nueva temporada tendremos una pareja de detectives diferentes con casos diferentes. Es una manera singular de enfocar historias en la pequeña pantalla. Más arriesgada, más miniserie que serie  sin ser lo uno ni lo otro, y con tramas autoconclusivas, lo cual me parece una decisión acertada. De esta manera las historias no se dilatan tanto en el tiempo y no sufren los acostumbrados altibajos que nos ofrecen series más largas. Lo mismo pasa con los personajes, al estar planteado de esta manera y tener que estar todo resuelto en ocho capítulos, los protagonistas están mucho más trabajados desde el inicio y se puede poner toda la carne en el asador desde el primer capítulo.

De momento solo tenemos una temporada de True Detective, y veremos cómo funcionan las demás. Lo único que puedo decir de esta, es que es absolutamente absorbente.

No es que sea una historia muy original, esto de dos detectives buscando un asesino en serie es algo que ya se ha contado antes, lo hemos visto mil veces, pero es el cómo está contado. La forma, la pausa. Esa marca HBO que destila cada poro de sus fotogramas, empezando por una intro muy artística acompañada de la canción Far from any road de The Handsome Family, tan poética como desgarradora y reveladora del mundo que se va a abrir ante nosotros.

Luego está el elemento narrativo que funciona perfectamente y le da una voz muy propia a True Detective. La trama avanza entre una continua sucesión de flashbacks que se intercalan con las entrevistas que les hacen dos policías a la pareja de detectives en el presente. La serie juega bien con las diferentes líneas temporales sin caer en la confusión, desgranando la historia con un ritmo muy marcado que consigue enganchar pronto al espectador. No hay desniveles entre el desarrollo del caso en el pasado y lo que sucede en las entrevistas, todo fluye como una máquina bien engrasada.

El elenco de la primera temporada de True Detective está formado por Rust Cohle (Mathew McConaghuey) y Martin Hart (Woody Harrelson). El primero pasará ya a la historia, como uno de los detectives más carismáticos de los últimos tiempos y me atrevería a situarlo en un nivel de impacto similar al que en su momento tuvo House. true-detectiveAl igual que este y otros personajes, Rust comparte esa visión nihilista de la vida, una mirada sin velos, libre de asperezas, observando todo lo que le rodea, con una objetividad cruda. Pero Rust Cohle no es una mente puramente racional. Es un ser humano roto, con un carácter fuertemente marcado por su pasado como agente encubierto en narcóticos, época en que se metió hasta el polvillo de los ladrillos. Claro está, con todas sus consecuencias. Sus reflexiones están llenas de matices filosóficos, desvaríos de rabiosa racionalidad que radiografían a las personas a su alrededor a un nivel de detalle casi molecular,  una forma de ver la vida tan desprovista de adornos como la naturaleza o el cosmos que él mismo evoca. Una visión que en ocasiones hasta se atraganta por ser tan áspera y dura, igual que la superficie desgastada de una roca que ha sido erosionada durante millones de años y que el tiempo ha pulido hasta darle la forma perfecta que la naturaleza le tenía destinada. Eso y muchas drogas. Esa es la mente de Rust Cohle.

En contraposición tenemos al personaje de Martin Hart (Woody Harrelson) un tipo práctico. La viva imagen del americano medio, la efigie del buen hombre de familia y buen policía, y que, como tantos otros, esconde lo que se esconde tras este tipo de estampas; un hombre lleno de contradicciones y cuya vida es una continua mentira. Y aunque es un personaje que de principio crea rechazo por sus ideas o mejor dicho, por su falta de ideas. Con el paso de los capítulos el personaje va cobrando cada vez más fuerza y la evolución que sufre, me ha parecido uno de los aspectos más destacables de la serie.

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El bueno de Rust flipándolo un poco

La dualidad entre la sinceridad desagradable de Rust y la rigidez obtusa de un tipo como Martin da mucho juego. Sus conversaciones y la evolución de su relación es sin duda el sello diferenciador de True Detective. Más importante que la propia historia, como ya pasa en muchas de las cosas que hace HBO, son los detalles, las anécdotas que se suceden en el camino las que toman relevancia. Como esas conversaciones en el coche, sobre la realidad, lo trascendental y lo eterno que dejan más huella en la retina que la propia investigación policial, que por la parte que le toca está muy bien llevada y cae en pocos artificios…solo al final, hay ciertos momentos que no me acaban de convencer, pero de esto no quiero hablar ni spoilear mucho.

Todos estos ingredientes y también la excelente fotografía de Adam Arkapaw, una fotografía de atmosferas cargadas, de parajes impregnados de capas de ácido y que refleja muy bien el alma de esos pantanales aislados y desolados de Luisiana y el alma de los propios personajes, conforman la que sin duda, a no ser que alguien se saque una genialidad de la chistera, es la serie del año.

Soy Alan Moore y he sido mago del caos chaval

Mención aparte, merecen las influencias y referencias literarias de True Detective.No son pocas, y van desde Alan Moore hasta H.P. Lovecfrat. Del primero. Si teníamos dudas de que el genial guionista de cómics y ex mago de la caos ha influido a todo dios, lo volvemos a corroborar, ya que Nick Pizzolato, el creador de la serie, tampoco parece haberse librado de sus garras, al menos esa impresión da tras leer su cómic The Courtyard, un cómic de corte Lovercraftiano, con dioses primigenios de por medio, en el que vemos ciertas similitudes entre Aldo Sax, el protagonista de la historía y Rust Cohle, nuestro detective favorito. Y otra pista importante es que el villano del cómic es un tipo llamado Johny Carcosa ¿Os suena de algo?, Carcosa es una palabra que no para de resonar en cada capítulo de True Detective, un concepto, una idea ¿Pero que es en realidad? Bueno, Carcosa es un ciudad ubicada dentro de la mitología de horror sobrenatural más clásico, la primera vez que se nombra es un relato de 1888 del escritor Ambrose Bierce, Un habitante de Carcosa, en la que un viajero aparentemente extraviado se encuentra ante las ruinas de una antigua y misteriosa ciudad, esta ciudad también seria nombrada más adelante por Robert. W. Chambers en su colección  de relatos El rey en amarillo ¿Lo del Rey Amarillo también os dice algo no?  A su vez estos escritores influenciaron a un autor que también tiene relación con la serie, H.P. Lovecraft, ya que tras la atmósfera malsana y la palabrería, en ocasiones incompresible de Rust, hay influencias directas de los personajes y decorados opresivos de la obra de Lovecraft y también de otros escritores como Arthur Machen o Edgar Allan Poe. Por cierto y como curiosidad, también hay una ciudad de Carcosa en la saga literaria Canción de Hielo y fuego de George. R.R. Martin

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Thomas Ligotti, terror ancestral y filosofía. Todo en uno

Pero la cosa no acaba aquí, también hay referencias más actuales confesadas por el propio creador de la serie Nick Pizzolato, quien dijo que la obra de terror, tratado filosófico, desvarío mental, La conspiración contra la raza humana del escritor de terror Thomas Ligotti, había sido una inspiración directa en la elaboración de los monólogos de Rust Cohle. Por cierto, que Thomas Ligotti es un escritor que bebe directamente de las fuentes del horror sobrenatural de Lovecraft, Machen y compañía. Otra conexión más.

Os recomiendo encarecidamente leer sus dos colecciones de relatos, Noctuario y La fabrica de pesadillas, ya que tiene ese toque de surrealismo, de inclasificable, de sin sentido, o como queráis llamarlo, incluso se le ha puesto la etiqueta de terror filosófico, sea lo que sea lo que signifique eso. Como a mí no me gustan esto de las etiquetas, yo solo diré que se trata de un escritor diferente, no muy accesible para el lector de terror más clásico o comercial, pero al que hay que darle una oportunidad, os aseguro que Thomas Ligotti solo hay uno. Leerlo y lo entenderéis.

Bueno, hasta aquí llega mi análisis/opinión, y ¿Hace falta decir que os la recomiendo?… supongo que no.

Feliz serie y disfrutad amigos.

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