Feliz 2014 con Jorge Luis Borges

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El 2013 se va y  tranquilos, que ahora ya viene otro. Tan solo cambia el número. Hoy es martes y mañana miércoles. Aparentemente nada anormal ¿no? Y sin embargo entre medio de este salto de día tan aparentemente rutinario. Sucede algo. La hora cambia.

Ya bueno ¿Y qué? se puede preguntar uno. Es un salto en el tiempo ínfimo ¡Pero ojo! no irrelevante. En absoluto. Porque da igual donde estés. En todos los sitios. En cualquier lugar del globo. Ocurre lo mismo. Una exaltación colectiva sin parangón que desboca en la fiesta colectiva más masiva de la humanidad. Y que aunque no de una manera tan masificada, viene produciéndose no desde ahora, ni desde hace veinte años, sino desde hace milenios. Desde que en la mente del hombre se despertó la chispa de la curiosidad y sus ojos escrutaron las estrellas en busca de respuestas. Da igual que no tuvieran calendario, de alguna manera, comprendían lo que era el tiempo. Lo que significaba. Y danzando, quizás, alrededor de una hoguera, celebraban también una festividad, en honor, al paso de ese inexorable y constante compañero de viaje que es el tiempo.

Yo este año, como no podía ser de otra manera, lo despido con literatura. Con un poema de mi admirado, Jorge Luis Borges, que tiene un título que va perfecto con el día. Sesudo como era él, el texto invita a la reflexión. Si os parece un rollo (la poesía de Borges no es la más accesible de mundo) no pasa nada. Aunque eso sí, intentemos como mínimo, quedarnos contemplando durante unos instantes, la imagen que el escritor argentino, nos quería transmitir. Porque a veces un poema no hay que entenderlo palabra por palabra sino simplemente dejarse llevar por él. Como sucede con en este día.

¡Feliz 2014!

Final Del Año

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Jorge Luis Borges

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