Salta antes de mirar

¡Hola a todos!

Hoy, navegar por la red, sin que sirva de precedente, me ha servido de algo. Y aunque haya sido, como quien dice, por azar. Me ha ayudado a reencontrarme con un viejo amigo. W.H. Auden.  Uno de los más grandes poetas del siglo XX.

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Podría destacar muchas poesías de Auden. La verdad es que me gusta casi toda su obra. Quizás, porque era un poeta para todos. Un poeta para a los que no les gusta la poesía. Y a mí cuando lo descubrí, no era un género literario con el que disfrutara especialmente. Siempre que leía a algunos de los considerados grandes poetas, me parecían sumamente artificiosos. Pero entonces, años después de estos desencuentros, me topé con los poemas de Bukowsky, Auden, Li Po, Gil de Biedma y tantos otros.

Hoy en día, desde que escribo con más asiduidad, esa poesía artificiosa que tan poco apreciaba, la veo con ojos muy diferentes. Quizás sea muy presuntuoso decir que la veo con ojos de poeta. Pero de alguna manera admiro más su magia. La belleza y el misterio que encierran sus caminos ocultos. Así que como dice el poema de Auden, no tengáis miedo en adentraros en mundos que no sean de vuestro agrado. Salir de la zona de confort es gratificante y necesario. Tanto en la escritura como en cualquier otra parcela de la vida. Y en el caso de un escritor. Leer poesía, es a mi juicio, indispensable.

Desde luego, estoy seguro, que al igual que a mi yo de hace años, habrá escritores a los que, sencillamente, no les guste la poesía. No pasa nada. Cada plumífero tiene su propio camino y yo, desde aquí, tan solo os quiero animar a que os adentréis en su mundo y si os gusta lo que veis, le concedáis el tiempo y la dedicación que se merece. Estoy seguro que os veréis recompensados

Que la disfrutéis

Buenas noches…En Maine y más allá

Salta antes de mirar

La sensación de peligro no debe desaparecer:
el camino es sin duda tan breve como escarpado,
por muy paulatino que parezca desde aquí;
mira si quieres, pero tendrás que saltar.

Los hombres duros se ponen sensibleros en sueños
y quebrantan las ordenanzas que cualquier necio puede respetar;
no es la convención sino el miedo
lo que tiene tendencia a desaparecer.

Los esfuerzos cavilosos de la masa atareada,
la suciedad, la imprecisión y la cerveza
rinden unas cuantas agudezas todos los años;
ríete si puedes, pero tendrás que saltar.

Las prendas que se considera adecuado vestir
no serán baratas ni prácticas,
mientras consintamos en vivir cual ovejas
y nunca mencionar a quienes desaparecen.

Mucho cabe decir a favor del desparpajo social,
pero alegrarse cuando no hay nadie
es más difícil incluso que el llanto;
nadie mira, pero tienes que saltar.

Una soledad de diez mil brazas de hondura
sustenta el lecho en el que yacemos, cariño:
aunque te quiero, tendrás que saltar;
nuestro ensueño de seguridad debe desaparecer.