Back to work

Tras varios meses ausente, retomó la acción. Colgando  relatos que he escrito durante este tiempo, reflexiónes varias sobre el proceso de creación y quizás alguna que otra crítica cinematográfica. En esta ocasión os traigo un relato titulado pequeño dragón. ¡Espero que os guste!

Pequeño dragón

 El cielo estaba cubierto en Foshan y una nube densa y oscura recubría toda la ciudad. Era el símbolo del imparable progreso que vivía China. Cada mañana  que salía por la puerta del dojo me detenía a contemplar el cielo durante unos instantes, deseando para mis adentros que el sol apareciera de nuevo, colándose a través de aquella neblina sofocante. Pero aquel deseo difícilmente se podía cumplir, los años pasaban, la ciudad crecía, y el cielo estaba cada vez más oscuro.

Entré  de nuevo en la escuela. Mi maestra, Zhien, estaba sentada en uno de los escalones de piedras que había en el patio central. Llevaba un vestido de un verde que recordaba al esplendor de los árboles en primavera. La tela era fina y en él había cosidos de lunas y estrellas. Zhien estaba comiendo sopa caliente y tarareaba distraída una canción. La observé unos instantes y luego corrí hacia ella sin dudarlo con las manos dispuestas en forma de garra. Llegué a su altura, alargué el brazo y le lancé rápidamente pico de grulla juntando todos los dedos y formando una flecha. Zhien ladeó ligeramente la cabeza sin soltar el cuenco de sopa y esquivó el golpe sin dificultad. Adopté la posición de arco y flecha mientras ella depositaba lentamente el cuenco en el escalón. Zhien me miró y sonrió, su rostro era delgado y los pómulos le sobresalían ligeramente hacía afuera, tenían una sonrisa amplia y afable. Parecía una simpática panadera o una mantis a punto de atrapar a su presa. No sabía por cual decidirme. Sus ojos eran muy pequeños y estaban prácticamente cerrados. Eran inescrutables. La sonrisa formaba surcos en su cara. Unos surcos que solo se apreciaban cuando su gesto cambiaba. En aquellos  momentos me daba cuenta que en realidad tenía más edad que la que realmente aparentaba, pero así era ella, cambiante, adaptable. Su cara era vieja y joven, igual que el mar cuando esta en calma o cuando es mecido por el viento y lo agita formando crispadas olas. Había tanta serenidad en ella, era como subir a lo alto de una montaña y pararse a contemplar el paisaje. Lejano, evocador e imperturbable. Retrocedí un segundo dubitativo, ¿Cómo se pelea contra una montaña? ¿Y contra él mar? Yo no tenía las respuestas.

-Ataca holgazán ¿O es que aun eres incapaz de tocarme?- dijo Zhien que aun sentada hizo como si se tumbara.

Aquello me hizo rabiar.

Adopté de nuevo la posición de arco y flecha y la ataqué con puño de leopardo. La anciana levantó la palma de la mano y detuvo la patada lateral atestándome un pequeño golpe entre los tobillos. Luego en un movimiento rápido e increíblemente fluido como si fuera una hoja movida por el viento y con la misma mano, me hincó el pulgar entre los dedos que formaban mí puño. Retrocedí dolorido y con la mano entumecida. Zhien se levantó y su estilizada sombra se recortó contra él suelo elegantemente. Sus piernas se intuían delgadas y ágiles tras el vestido, eran como dos espadas afiladas. Su torso era pequeño y robusto y tenía unos brazos largos y fibrosos como las patas de la mantis que hace unos instantes había vislumbrado en su rostro. Su vestido se infló impulsado por el aire y su largo faldón ondeó como su fuera la heroína de un cuento wuxia[1]. Su pelo largo y oscuro le cayó hasta la altura de las nalgas. Separó las piernas, se puso de perfil, estiró un brazo con la palma abierta hacia arriba y el otro hacia atrás con la palma abierta también. Me quedé estupefacto. Aquel era el estilo de Wong Fei Hung el gran héroe chino. Mi ídolo. Sonreí y lo interpreté como una señal de respeto hacia mí. Avancé hacia ella con el boxeo del dragón. Primero proyecté una patada circular a la altura del rostro y Zhien la esquivó moviendo un poco la cabeza como si fuera a bostezar, luego hice un barrido que impactó contra sus pies. Pero El golpe no la movió ni un centímetro. Tenía las piernas muy juntas formando una columna recta e inquebrantable. Seguí con un puñetazo frontal a la atura del estómago y ella lanzó su torso hacia delante a la velocidad de un rayo. Se escuchó un crack y me tambaleé hacia atrás. El puño me ardía de dolor. Zhien avanzo hacía mí deslizándose con agilidad por el suelo de piedra. Y entonces el combate terminó. Me dio un pequeño empujón con el dorso de la palma por encima del abdomen y volé un par de metros hasta caer en el suelo.

-Muy bien Yuen muy bien. Hoy casi has peleado…- Dijo Zhien, que dejo que la frase flotara en el aire.

-¡No es justo, has usado el estilo de Fei hung!- dije mientras me levantaba del suelo

-Siempre quejándote….Dime ¿Qué has aprendido hoy Yuen?

-Que tengo que ser más rápido con puño de leopardo y juntar más los pies cuando hago arco y flecha-Dije sin dudarlo

-Muy bien- dijo asintiendo con la cabeza- Y ¿Qué más?

-Con boxeo de dragón he descuidado mi defensa baja- Dije tocándome el abdomen

-Sí, sí, eso también…. Pero y que más- Dijo Zhien.

Repasé mentalmente todo los movimientos pero no se me ocurría que otra cosa hubiera podido disgustarle. Podía ser más rápido, también más fuerte, pero solo tenía quince años.

-No lo sé maestra Zhien- dijo Yuen

-¿Qué te enseño en el dojo?

-A pelear y no pelear, a ser mar y montaña. Sin esfuerzo, sin brusquedad.

-Sí, esos son los preceptos de la escuela…pero ¿Qué te enseño realmente aquí?- dijo Zhien.

De nuevo, no sabía que contestar. Detestaba cuando me bombardeaba con aquella batería de preguntas sin sentido, y lo que más me molestaba es que al final siempre lo tenían.

-Te enseño a elegir Yuen- continuo Zhien- te enseño a conocerte, para que sepas como elegir. Bueno o malo, negro y blanco, no son soluciones. Solo son palabras creadas por el hombre- Permanecí callado, sin decir nada.

-Te acuerdas hace un mes, cuando aquellos chicos le estaban pegando a un perro y tú fuiste a ayudarle. Le propinaste una buena paliza a los tres y yo te castigué con dos semanas de carreras, flexiones y más carreras

-¡Sí! ¡Aquello fue injusto!- Aun me agotaba recordarlo, fueron dos semanas durísimas

-¿A si? ¿Porque?

– ¡Le estaban haciendo daño al perro!

-Y tú les hiciste daño a ellos, usando tu entrenamiento para apalearlos. Te convertiste en un simple matón.

-Pero le estaban pegando. Tenía que protegerlo ¡Se lo merecían!- dije con rotundidad. Nada más terminar aquella frase sabía que había metido la pata hasta el fondo

-¿Tenías que protegerlo o se lo merecían? ¿Quién lo decidió tu o tu orgullo?… Yuen, te he observado al salir de la escuela. Veo como miras a los demás niños. Sé que te crees mejor que ellos. No te relacionas con los demás y encima luego vas impartiendo justicia como si te creyeras Wong Fei Hung…. Pero Fei Hung, era médico, salvaba vidas y también era una persona sabia. Nunca peleaba si no había otra opción. Cuando pegaste a esos niños tenías opciones, podías haber cogido al perro y salir corriendo o simplemente podrías haberlos neutralizado….Escúchame Yuen,  yo te enseño a elegir un camino, para que en el futuro  puedas enseñar a otros y de esa forma crear una rueda. Eso es el Tao. Equilibrio.  Lo que esos niños hicieron estuvo mal, sí, pero ¿Quien los ha guiado a ellos? ¿Quién les ha enseñado? Ellos no tienen maestra, tu sí. Lo único que les regalaste fue tu furia. Una furia que luego descargaran sobre otros creando un círculo vicioso. Dime pequeño dragón ¿Qué es lo que quieres crear?

Zhien me mostró las dos manos abiertas con las palmas hacia arriba, haciendo que sopesaba un peso como si fuera una balanza.  Mire a Zhien y asentí, pero no asentía porque si, realmente comprendía lo que me quería decir.

Aquella misma tarde al salir del dojo, fui hacia el parque. Los niños me miraban con recelo al pasar. No era extraño. Es lo que había cultivado. Al fondo del parque, en uno de los bancos estaban los tres chicos con los que había peleado. Se levantaron al instante con cara de pocos amigos. Fui hacia ellos. Retrocedieron unos pasos, y cuando llegué a su altura me disculpé inclinando la cabeza tres veces. Se miraron boquiabiertos. Les pedí perdón y les dije que me podían golpear tanto como quisieran en compensación por lo que les había hecho. No hicieron nada. Se me quedaron mirando extrañados  y luego simplemente se fueron.

Al día siguiente hice lo mismo. Y al siguiente también. Así lo hice todas las tardes hasta que su rabia hacia mí fue desapareciendo.  Con el tiempo me gané su confianza. Les animé a practicar Wushu y de esa manera pude compartir con ellos las enseñanzas de Zhien. Así lo hice día tras día. Hasta no solo ganarme su amistad, sino también su respeto.

Mi maestra tenía razón. Es como disparar una flecha hacía el futuro, todo da sus frutos. No tengo que esperar a que el sol aparezca entre las nubes. Si creo en algo tengo que crearlo yo mismo. Y si voy a hacerlo, en vez de nadar contracorriente, es mejor que mi rueda viaje con viento a favor.


[1]Literalmente significa “caballeros de las artes marciales” o “héroes de las artes marciales” y es un género distintivo de la literatura, la televisión y el cine chinos. En las novelas y cuentos, los héroes no solo tiene habilidades mágicas sino también un dominio muy exagerado del Kung fu. En China, este estilo literario es uno de los más populares del país.

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